Primera Plana
Histórico


CADA CUADRO ES UNA EXPERIENCIA ÚNICA

| Viernes 20 de Marzo, 2009
Jeannina Blanco
 “CADA CUADRO ES UNA EXPERIENCIA ÚNICA”


Claudia Morandi
 
Artista decidida, apasionada y enamorada de lo que hace. Jeannina Blanco, costarricense que comenzó sus estudios y prácticas de pintura en Newport Beach, California y en Scottsdale Artist School en Scottsdale, Arizona. Su trabajo se encuentra en colecciones privadas y públicas en países como Canadá, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Israel, Japón, México, Nicaragua, Puerto Rico, República Dominicana, Turquía y Costa Rica, pero según menciona lo que hace no se conoce en el país.
 
El arte y la pintura entran a sus 29 años. “Desde ese entonces no he parado. Es lo que me encanta y lo hago todos los días”. Actualmente, tiene exposiciones de pintura en Nueva York y es miembro del Salmagandi Club New York, uno de los más prestigiosos y antiguos clubes de artistas en Estados Unidos.
 
Hace tres años se dio a la tarea de realizarle un homenaje al teatro costarricense por medio de sus pinturas y la elaboración de un video documental que explique el surgimiento del teatro en Costa Rica y su evolución hasta nuestros tiempos.
 
La idea principal, también, es un homenaje a los pioneros de las Artes Escénicas en el país: el Teatro Arlequín. Las pinturas de Blanco se basarán precisamente en los retratos de estos arlequines y de escenas de algunas de las obras. Esta exposición de pintura y video llevará el nombre de  “POR AMOR AL ARTE: El Teatro Costarricense a partir del Teatro Arlequín”.
 
Jeannina todavía no tiene una fecha precisa para este proyecto, pero estima y “siento la necesidad” de que sea para el mes de mayo o durante el primer semestre del año.
 
En su estudio, Primera Plana conversó con la artista - esta es la primera de dos entregas de la entrevista con Jeannina Blanco-.
 
¿Cómo es el estilo de Jeannina Blanco?
 
Mi estilo ha sido un conjunto de ideas, de técnicas, del aprendizaje que he tenido durante muchos años, iniciando por los artistas contemporáneos de la época cuando empecé a pintar, que fue hace como 12 años. De allí investigué más y tomé ciertos talleres.
 
Después de la operación de craneotomía que tuve me puse a pensar cuál era mi misión en la vida. Yo ya pintaba por “hobbie”, para ese entonces y estaba buscando trabajo. A medio año de esa recuperación alguien completamente ajeno, me encargó un cuadro muy grande. Cuando lo entregué le gustó a la señora y no hubo necesidad de cambiarle nada. Recuerdo que me entregó un cheque.
 
Cuando regresé a mi estudio decidí que iba a pintar, que eso era lo que quería hacer y abrí mi estudio y, siempre vendía.  Así fue cuando me empecé a interesar de forma profesional, viajé a Arizona y empecé a tomar clases con artistas que admiro.
 
Hago trazos fuertes, y me encanta el rojo. También trato de mantener la misma filosofía que tienen ahora los artistas contemporáneos norteamericanos que es lo que no es fotográfico. No tengo nada en contra del realismo, y lo que llaman el superrealismo y el hiperrealismo ni todos los realismos; pero mi estilo se aleja de eso. Es realista en la forma en que es representativo; por eso utilizo la fotografía.
 
Este estilo ha sido tomado de los impresionistas franceses, de los norteamericanos y los artistas a quienes yo he admirado mucho y con quien he tomado talleres. Misídolos podría decirle que son Rembrandt, y los impresionistas franceses como Monet y Lautrec. En este último me he inspirado mucho a realizar el proyecto del teatro, y ha sido muy rico, claro en mi propio estilo, sin intentar copiar. Lo de la copia es al inicio cuando se aprende.
 
¿Con cuál de sus obras se identifica más?
 
¿Tengo que escoger una? No podría decirle que hay una porque el estilo ha ido cambiando, lo he ido perfeccionando.
 
Yo creo que la que me da más satisfacción es el retrato de “La Poltro”, por todo lo que he logrado a partir de ese retrato.
 
Cuando regresé a Costa Rica, sin ninguna noción de que yo iba a llegar hacer esto en mi vida, y en un intento de estudiar veterinaria en Estados Unidos, hasta hace un par de años noté que había un incremento en la calidad del teatro y me interesó de nuevo. Para esa época tenía junto con mi socia Margarita Libby una asociación llamada Arte Blanco y una galería en Escazú llamada también Arte Blanco donde hacíamos diferentes proyectos. Era Escuela de Arte, hacíamos productos, diseñaba caballetes, los mandábamos hacer y los vendíamos, hacíamos delantales y, muchas cosas más.
 
Le comenté entonces a Margarita, a finales de los 70s, que era cuando iba al teatro:
_ ¡Qué lástima que eso ya no existe!
_ ¿Te acuerdas de Ana Poltronieri en escena, la actriz de más trayectoria que tiene Costa Rica?  
 
Su primo conocía a Poltronieri y a través de él fue que la conocí, y porque además en ese entonces me hubiera encantado pintar un retrato de ella. Fue allí cuando surgió la idea de hacerle algún homenaje a este grupo de actores que inició el teatro costarricense y comencé a indagar si se había hecho algo y me dijeron que de dominio público no.
 
En la entrevista con Ana Poltronieri le comenté sobre el proyecto que tenía en mente y me dijo que tenía su apoyo. Aprendí muchísimo de ella, saqué muchas fotografías y sucede que muchas veces, cuando uno hace un retrato, si se hace de fotografía, hay que tomar una foto para la pose, otra para el vestuario, otra diferente para el gesto. A veces son hasta seis fotos o menos, y en este caso fue una solo foto que al final le agregué mi estilo claro.
 
En un retrato hay que escoger una sola pose, un solo gesto, para demostrar todo lo que conlleva la personalidad de alguien. El retrato de “La Poltro” fue impresionante porque además de que usé una fotografía, yo trabajaba en un espacio muy pequeño y muy oscuro, tenía que trabajar con luz artificial) y sin ventilación. Además estaban remodelando este estudio. Ya había empezado a pintar el retrato y fue tanta mi determinación que decidí terminarlo ese mismo día, y lo terminé. Ese siempre ha sido mi proyecto del alma, lo del teatro, pero lo he hecho en mis ratos libres, porque  gracias a Dios tengo una galería que me representa en New Yersey.
 
Y ese gran logro es justamente que mi representante me dice que quiere meterme en otra galería en Nueva York, que se ha convertido en la ciudad del arte. Y si estas en Nueva York estas en buen camino. Y me habló del Salmagandi Club New York. Es lo más antiguo de artistas norteamericanos, el más prestigioso; el club es muy reducido en su membrecía para los artistas. Son solamente 600 y abrieron hace pocos años para 100 más. Ellos lo que hacen es una exposición abierta al año para quien quiera meterse y lo facilitan por internet, pero hay que tener una historia dentro de Estados Unidos y como yo empecé allá y aun estando acá sigo exponiendo allá pues me ha facilitado ese camino.
 
Entre mis obras escogieron el de “La Poltro” en esta exposición abierta en el club. La meta era convertirme en miembro. Ana Poltronieri estaba muy emocionada pero no pudo ir, y en su lugar fue su amiga, Thelma Sandoval. Tuve la gran oportunidad de conocer a uno de los profesores de la escuela de Salmagandi porque el club es además escuela. El profesor de pintura se interesó por mi cuadro y me firmó la aplicación para entrar. Fue un proceso largo de seis meses.
 
Finalmente, para el día de mi cumpleaños, en diciembre, Jeannina Blanco se convierte miembro del Salmagandi Club New York y ahora tengo la oportunidad de participar en dos subastas al año a la cual asiste medio mundo, y en donde hay que pasar por escrutinio para las obras, ósea que no es una obra cualquiera; son trabajos de primera calidad como en un museo.
 
Por todo esto, la obra más importante es la de Ana Poltronieri, por todo lo que significa y por todo el cariño que le tengo a ella y porque además desde ese día que entré a su casa hemos estado en comunicación. Se ha convertido en un proyecto de las dos, no solo mío… Y me ha  tenido mucha paciencia porque han sido ya tres años. Esto fue en febrero de 2006 y la pintura la terminé en abril.
 
EN LA EDICIÓN No. 157, presentaremos la segunda parte de esta entrevista.

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