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GUIDO FERNANDEZ: INNOVADOR DEL PERIODISMO COSTARRICENSE
A Guido Fernández, multifacético profesional, quien tuvo la capacidad para desempeñarse con talento y eficacia en varios campos, hay que reconocerle por encima de todas sus realizaciones el haber sido el gran innovador del periodismo costarricense en el siglo XX. Esa justa e indiscutible apreciación viene a ser a su vez su más inmediato retrato.
Todavía más. En el periodismo costarricense hay que hablar antes y después de Guido Fernández. Así habrá de quedar categóricamente determinado cuando se efectúe una investigación sobre el desarrollo de esta actividad en la historia de Costa Rica.
Al asumir la dirección de La Nación, poco antes de 1970, inició una labor periodística nunca antes vista en nuestro país. Y si tal vez anteriormente en algún medio de prensa se habían dado señales sobre nuevas posibilidades en el diarismo, con Guido Fernández las innovaciones se hicieron una realidad sólida y cotidiana.
De Guido Fernández jamás se podrán olvidar la apertura plural de pensamiento en la prensa, incluir en la misma información la réplica o punto de vista de la persona o entidad cuestionada o puesta sobre el tapete, la modernización del diseño de las páginas del periódico en procura de una presentación más atractiva, su amor a la cultura en general –teatro, artes plásticas, música, cine, literatura-, y su condición de persona de pensamiento, celoso guardián de la libertad en todos sus extremos y devoto creyente de la libre empresa como una manifestación clave para producir más riqueza y empleo. Su formación de abogado, economista y periodista, y lector sin tregua, lo constituyeron, tal vez, en el más completo de los periodistas de todos los tiempos en nuestro país.
La apertura de la Página 15 en La Nación se convirtió en un foro cotidiano. Allí los intelectuales y exponentes o protagonistas de las expresiones artísticas encontraron el apropiado espacio para ventilar sus ideas, plantear iniciativas, formular valoraciones culturales, filosóficas, idiomáticas y atisbos sobre el ser costarricense y el devenir de lo humano y lo divino. Eso arrancó en tiempos en que la “guerra fría” no permitía el libre juego de las ideas, cuando la posibilidad de emitir libremente el pensamiento vivía con una camisa de fuerza, o cuando pensar era un atentado o jugarse el riesgo de ser marginado o puesto en una lista de dudosos.
Aparte de su apego a las normas básicas del periodismo, el cumplimiento del ABC que deben manejar en forma automatizada quienes redacten las noticias, Guido Fernández estableció como regla impostergable que en toda información en la que hubiera una persona, empresa o institución cuestionada, deberían incluirse –dentro de la misma nota- las declaraciones del sector o individuo afectado. El famoso “fernes” pasó a ser una sagrada obligatoriedad, convirtiéndose ello en un verdadero salto en el desarrollo del periodismo, lo cual, al mismo tiempo fue un avance hacia el mayor enriquecimiento de la libre expresión y de la democracia en general.
Hay que decirlo sin ningún titubeo: al fijar esa regla Guido Fernández le imprimió un invaluable aporte a nuestra democracia. Un legado que está más allá del simple cumplimiento de una labor profesional.
Esto hay que repetirlo con toda amplitud para que no quede perdido en la noche de los tiempos y para que quede clara la autoría de un fundamento sumamente importante en lo que tiene que ver con la libertad y la democracia de Costa Rica.
Guido Fernández trabajó también en la televisión, al frente de revistas, se desempeñó en cargos estatales y fue asesor empresarial.
Atildado conferenciante, expositor exquisito, verdadero académico, con una pluma más de escritor que de periodista, polemista respetuoso y respetado, auténtico señor. Ese fue Guido Fernández sobre quien se debería hablar con más frecuencia y sobre quien se debería hacer un estudio, con una amplia recopilación de sus aportes. Dio lecciones en las universidades, en los foros, y en la agitada carrera del periodismo de todos los días. Quienes lo oyeron, quienes estuvieron a su lado, quienes lo trataron, aprendieron de él. Su conversación amena e inteligente, era buscada por conocidos y desconocidos. Hombre de pensamiento, siempre argumentaba con solidez sus posiciones u observaciones. Fue un dialéctico sin caer en los extremismos del cinismo ni del maniqueísmo. Sabía escuchar. Sabía acoger sugerencias. Sabía ejecutar.
Asombrosa fue su capacidad de análisis. Había que verlo coordinando un foro o un panel, pues extraía las síntesis de las exposiciones de cada uno de los participantes para ponerlas sobre el tapete como los elementos esenciales sobre los que habría de discurrir la discusión.
Memorable fue un debate que sostuvo por televisión con el Presidente José Figueres Ferrer. Éste, al concluir la polémica, maravillado por su inteligencia y habilidad expositiva, lo invitó a formar parte de su Gobierno, lo cual, por supuesto, declinó Guido Fernández.
En la historia del teatro en Costa Rica, que empezó hace unos 150 años --en tiempos de Juan Rafael Mora Porras--, con las primeras representaciones en el parque central de San José, se habla con frecuencia de la época de oro de esa actividad artística, que se dio en la década del 70. Pero si hubo alguien que dio robusto aliento al teatro en Costa Rica fue Guido Fernández. No solo fue un agudo y oportuno crítico, conocedor en detalle de la ciencia escénica y el histrionismo en la actuación. Abrió el periódico a su cargo para que se brindara amplio y vigoroso estímulo a las artes de la actuación lo cual contribuyó al montaje de memorables piezas y a que se fomentara esta actividad y se llevaran representaciones a lo largo y ancho del territorio nacional. Esa época de oro del teatro costarricense fue posible en buena parte por la coyuntura histórica de la presencia de un periodista inteligente, amante y sensible a la representación escénica.
Hace quince años, el 14 junio de 1997, Guido Fernández se fue de este mundo a una edad temprana, pues todavía estaba lejos del promedio en que la gente muere en Costa Rica. Dejó un vacío que no ha sido llenado aunque su legado vive y muchas de sus enseñanzas se practican día a día cada vez que los periodistas buscan la réplica (el fernes), o se afanan en procurar que unos y otros puedan expresarse libremente a través de la prensa escrita y por los medios electrónicos de comunicación.
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