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Fuente: BCCR
Primera Plana
Cultura


El hombre que conversa con las piedras

Daniela Zúñiga Colaboradora de Primera Plana | Miércoles 15 de Julio, 2015

Entre el arte de esculpir y de escribir poesía. Así vive Domingo Ramos, un artista nacional que además de moldear sus esculturas, aprende día con día a esculpirse así mismo.

Quien haya tenido la oportunidad de hablar con él, habrá comprobado como característica notable un optimismo sincero y una marcada humildad. A pesar de que sus obras son reconocidas  más allá de las fronteras costarricenses, no le preocupa la notoriedad,  porque  “la fama es una estrella que pesa mucho y punza la espalda”.

Desde pequeño este ramonense de cepa dejaba entrever sus dones de artista; primero haciendo figuras con masa y luego, cuando comenzó a tallar raíces de café en su adolescencia.

Domingo no sabía en aquel momento qué era ser un artista. Ignoraba también cómo llegar a cumplir sus sueños, pero sí tenía la certeza de que Dios le había dado el don de crear cosas.  Quizás por eso también afirma que desde niño podía escuchar a las rocas hablar.

Después de su frustrado ingreso a la Escuela Normal de Costa Rica, en Heredia, ingresó a la Facultad de Bellas Artes de la UCR  donde obtuvo una beca. Posteriormente, en 1975 se incorporó a la Facultad de Letras y Filosofía de la Universidad de Roma en Italia.

Desde entonces, comenzó a tallar su propio camino en una patria distinta a la que nació y obtuvo numerosos reconocimientos internacionales por su trabajo en países como Italia, Canadá y Argentina, entre otros.

A Domingo le gusta trabajar en roca y madera, aunque reconoce que las piedras son “más amigables con el artista”. “Una reventadura en una piedra se puede ver muy bonita, pero en la madera puede ser un defecto”, ejemplificó.

Creador de emociones

Sobre su método de trabajo, el escultor comentó que antes de realizar sus obras estudia con detalle las piedras, el tipo de material, sus formas y una vez que ha seleccionado un tema que le inspira, comienza a crear.

“Rara vez cambio la forma que tenía pensado hacer, a veces la piedra se quiebra y tengo que quitar alguna parte, ahí es cuando  la piedra comienza a conversar con uno y me sugiere otras cosas. Me imagino que son prisioneros que desean ser liberados de ahí”.

Sus temas preferidos son la pareja, la maternidad y lo abstracto. El tema de la pareja le gusta pues para él representa el ideal del mundo y el núcleo de la familia.

Para él la pareja “es como una semilla dicotiledónea” (de la cual germina una planta con dos hojas).  Lo dice mientras voltea a mirar a su esposa, María Eugenia Solís, para asegurarse que el nombre es correcto. Con ocho años de noviazgo y 35 años de casados ambos han sabido esculpir su relación con el tiempo.

De la maternidad le llama la atención el hecho de que crezca un nuevo ser dentro de una mujer, el milagro de la vida, y de lo abstracto le atrae la simplicidad del concepto.

Lo “abstracto puede ser una idea aun cuando el pensamiento sea muy concreto”.

A sus 66 años de edad, Domingo Ramos sigue viendo el arte como la posibilidad de crear emociones y sensaciones en las personas que miran sus obras.“El artista replantea un mundo que ya ha recibido a través de las experiencias y transforma ese mundo desde su visión personal”.

Cada una de sus obras son como hijas, piezas muy  significativas porque en cada una de ellas el escultor deja una parte de sí mismo.

Sin embargo, entre sus preferidas se encuentra la escultura “Pensado en América” ganadora  del primer premio en Mar de Plata, Argentina, debido a que consagró la idea de una América invertida con el fin de que algún día las cosas cambien, donde “los del sur también tengan su norte”.

La obra “El Grito de Paz” que hizo en Corea y la obra “Espíritu de Rachana” realizada en el Líbano las recuerda todavía con cariño.

Desde el 2010 es el encargado de elaborar las estatuillas que entrega el Colegio de Periodistas de Costa Rica a los ganadores de los Premios de la Comunicación.

Lo importante, desde la perspectiva de Ramos, es ser sincero con el material. Pero lamenta que el arte y el artista se vean cohibidos por una serie de “enemigos”; entre ellos, la frase que hace a más de uno dejar sus sueños atrás: “como artista te vas a morir de hambre”.

Ramos se enorgullece por no haber creído en esa frase y haber seguido lo que dictaba su corazón. “Cuando uno quiere algo en la vida tiene que  dedicarle el tiempo, todo el ímpetu y energía que pueda”, subrayó.

Pulir el corazón

El hombre de camisa de cuadros, conversador y ya con canas que le pintan el cabello, es de origen humilde.

Nació en San Ramón en 1949 como el tercero de nueve hijos. Su cobija de bebé fue la tela de un pantalón de su papá y aprendió los oficios propios de un campesino; sin embargo, decidió no conformarse  con ello y luchó hasta convertirse en el artista que es hoy.

A Domingo no le importa la riqueza del dinero, pero sí la riqueza de sentir la vida y disfrutar de la esencia de las cosas más pequeñas y maravillosas que nos rodean.

La vida, desde su perspectiva, debe ser armonía pues el destino de uno es el destino de todos y que al final todos somos parte  de la tierra y en algún momento nos marcharemos de ella.

Sabe que es bueno que sus obras sean reconocidas, pero argumenta que el “éxito de la vida consiste en saber resolver los problemas conforme estos se presentan y de acuerdo a las circunstancias”, algo intrínseco a la inteligencia del ser humano.

Asegura que para llevar una vida feliz es necesario ser sincero y congruente con uno mismo, valorar la sensibilidad que, lastimosamente, como seres humanos, se ha perdido producto de que las personas han perdido el contacto con la tierra.

“Si a la piedra se le puede pulir, imagínese lo que se podría hacer con el corazón. Al final, la obra más importante que tenemos por hacer, escultores o no, es la escultura de la propia existencia”.

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