Avenida del crimen
Gerardo Bolaños González | Miércoles 16 de Julio, 2014 He seguido, con interés digno de mejor causa, las vicisitudes de la telenovela Avenida Brasil.
Para las pocas personas que no hayan oído hablar de ella, se trata de la saga de aventuras y desventuras de varias familias e individuos disfuncionales, ¡muy disfuncionales!, incluyendo futbolistas y exfutbolistas, residentes en Río de Janeiro.
La Avenida Brasil es una pista que conecta los sectores pequeñoburgueses del norte de Río con la zona rica y turística del sur de la ciudad.
La mayor parte de la acción transcurre en un norteño barrio imaginario llamado El Divino, adonde llega una joven chef que busca vengarse de su madrastra, quien estafó al padre de la chica y la dejó viviendo en un basurero municipal.
Soy hijo de los diarios y la radio pero no de la tele. Creo que es apenas la segunda vez que “me matriculo” a seguir, cuando se puede, una telenovela. La primera fue una en blanco y negro de la BBC sobre la vida de una mujer codiciada por la aristocracia inglesa en el siglo XIX. Alta calidad, como casi todo lo que hace la BBC.
Pero los brasileños tampoco son unos recién llegados al mundo televisivo y han hecho telenovelas desde hace más de 60 años. Casi un 100 por ciento de los hogares brasileños cuenta con televisión, lo cual representa una herramienta capaz de homogenizar o integrar un país de dimensiones continentales.
Se cuenta que en el 2012 el Partido de los Trabajadores se opuso a que la presidenta Dilma Rousseff organizara un mitin de apoyo al candidato de ese partido que aspiraba a la alcaldía de Río. La fecha fijada era el 19 de octubre, pero esa misma noche y a la misma hora la cadena Globo pasaba el capítulo final de Avenida Brasil. Nadie iría al mitin político. La actividad proselitista tuvo que fijarse para el día siguiente.
¿Interés digno de mejor causa? Me desdigo. Avenida Brasil es un compendio de crímenes y delitos, una galería condensada de mentiras y traiciones que no deja un solo artículo del código penal ni ninguno de los 10 mandamientos a salvo de la trama: secuestro, prostitución, abandono de infantes, robo, apropiación indebida, malversación de fondos, asesinato y sus intentos, atropellos voluntarios en carretera, entierro de personas vivas, amenazas físicas, heridas con arma blanca, intentos de suicidio, incendios provocados, sabotajes, robos, chantajes varios, insultos de toda laya, calumnias, difamación, acoso sexual, hijos que golpean a sus padres y padres que golpean a sus hijos, pleitos “a cato limpio” entre mujeres, adulterio, bigamia, poligamia, y toda una gama de gamberrismos y comportamientos de la más baja calaña.
Es como asistir a una escuelita nocturna del crimen, y bastante barata por cierto. No pienso poner en práctica lo potencialmente aprendido pero me llama la atención que el canal que la transmite, al concluir los capítulos de Avenida Brasil a las 10 de la noche, advierte que a partir de esa hora se entra en un horario restringido para menores.
Antes no…





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