Desigualdad creciente
Ronald Díaz V. | Viernes 23 de Enero, 2015Los efectos nefastos de la crisis mundial del 2008 siguen teniendo un gran impacto en la vida de millones de personas en el mundo. 61 millones de trabajadores han perdido su empleo desde entonces y el número podría alcanzar los 219 millones en los próximos cuatro años.
Los datos emanan de un informe de la Organización Mundial del Trabajo (OIT), publicado el pasado 20 de enero en Ginebra.
Guy Ryder, presidente de esa organización, agencia de las Naciones Unidas, califica como “inaceptable que casi la mitad de los trabajadores del mundo no tenga acceso a los productos y servicios de primera necesidad y al trabajo decente”.
El informe también advierte que las desigualdades en los ingresos seguirán en aumento con un 10% de los más ricos llevándose un buen porcentaje del pastel: entre un 30 y un 40 por ciento.
Por otra parte, resulta paradójico que en medio de esta crisis un reducido 1% de multimillonarios en vez de verse afectado haya aumentado su fortuna en tiempos de pobreza y escasez para las mayorías.
El año pasado este grupúsculo de afortunados acaparaba el 48% de la riqueza global. En términos más obscenos, un puñado de 80 ultramillonarios poseen la misma riqueza que 3.5 miles de millones de personas.
He utilizado muchas cifras en este comentario consciente de que los números son abstractos y, en ocasiones, hasta incomprensibles. En términos más sencillos digamos que vivimos en una sociedad global en donde persisten y se ensanchan las desigualdades con muy pocos, poquísimos, ajenos a la pobreza y el hambre responsable, entre otras desgracias, de cobrar la vida cada año de más de 3 millones de niños en el mundo.
Costa Rica, a pesar de la gran felicidad de sus habitantes, no es ajena a esta realidad. El vigésimo Informe Estado de la Nación confirma la tendencia mundial con un creciente número de pobres (más de un millón de personas en esa condición) y una desigualdad en los ingresos, también en aumento.
“Hay ansiedad en el sistema financiero global”, admite el Foro Económico Mundial”. Ansiedad que deja en la calle a millones mientras los pobres cargan con sus muertos.




