Los apetitos infinitos
Gerardo Bolaños González | Martes 14 de Julio, 2015Muy poca gente debe haber oído hablar en estos barrios de Neil Postman, un educador norteamericano muy crítico de la televisión, quien hace 30 años publicó un librito genial titulado Divirtiéndonos hasta morir. Fue discípulo de Marshall McLuhan, el provocativo pensador de los medios de comunicación. Y eso se nota.
En una parte de su obra, Postman establece un contrapunto entre el pensamiento de George Orwell, quien vaticinó el advenimiento del totalitario Hermano Mayor en su novela titulada 1984, y el pensamiento de Aldous Huxley, autor de Un mundo feliz, que también configura una visión aterradora, aunque menos conocida, del futuro. Un futuro que ya es presente. Quizás pasado.
Orwell escribió su novela en 1949 buscando alertar contra la posibilidad de que fuésemos víctimas de la opresión interna de un régimen fuerte. Sin embargo, en la visión de Huxley no se requieren fuerzas externas para que la humanidad pierda la autonomía, la madurez y la historia. Según este, la gente quedaría encantada con la opresión y postrada ante las tecnologías que desmantelan su capacidad de pensar. Un mundo feliz es de 1932. Ambas novelas figuran entre las obras más significativas del siglo XX, que arrastran sus inquietantes mensajes hasta nuestro tiempo.
Orwell tenía miedo de que los gobernantes desterraran los libros y que no se pudiera leer nada. El miedo de Huxley era diferente: que no hubiera razones para desterrar los libros, porque en realidad ¡ya nadie quiere leerlos!
Orwell temía que no circulara información. Por el contrario, el miedo de Huxley era que nos inundaran con ella al punto de volvernos pasivos y egoístas.
Orwell temía que se nos ocultara la verdad. El temor de Huxley era que se nos sumergiera en un mar de cosas y temas irrelevantes.
Orwell tenía miedo de que la humanidad se convirtiera en una cultura cautiva. A Huxley lo aterraba que nos convirtiéramos en una sociedad trivial, preocupada, como lo está ahora, por tonteras como los peinados de Cristiano Ronaldo, los desmadres de Justin Bieber o los amoríos de cualquier estrellita de quinta categoría.
En uno de sus libros, Huxley deploraba que las personas que alertan contra la tiranía no hayan reflexionado más acerca del “infinito apetito” que tiene la gente por el entretenimiento.
Orwell pensaba que la gente sería controlada por medio del DOLOR. Huxley vaticinó que se nos puede controlar matándonos de PLACER. Orwell creía que lo que odiamos es lo que nos arruinará. Para Huxley, en la acera del frente, lo que nos gusta es lo que acabará con nosotros.
En su libro, Postman apuntaba a que es Huxley quien tiene razón, es decir, que acabaremos entregando a la televisión, al lado “show-business” de la TV, la política, la religión, la educación, la cultura y…hasta el periodismo. ¡Qué adivino!
En un artículo que leí posteriormente a Divirtiéndonos hasta morir, Postman abordaba el tema de la “Epistemología de la televisión”. La Epistemología es la rama de la Filosofía que se ocupa de los métodos por medio de los cuales llegamos al conocimiento. Abarca cómo se relaciona la mente con los hechos, cómo se verifica la verdad de un razonamiento, cómo se relacionan los sentidos con la mente. En suma, la epistemología trata de todo aquello que nos dice cómo saber lo que sabemos.
Según Postman, fallecido en el 2003, la televisión crea su propia epistemología. Cambia la manera en cómo conocemos las cosas. La TV se interesa en las imágenes, no en el discurso; se interesa en las sensaciones, no en las ideas. La televisión fragmenta y descontextualiza. Es un medio del que se desvanece la coherencia.
Orwell, Huxley, Mcluhan, Postman. ¿Qué habrían pensado de internet y de sus posibilidades si la hubieran conocido tal como la frecuentamos en este 2015?
Seguro que viviremos con lo bueno y lo malo de ella. Hasta que la muerte nos separe…





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