Hoja de ruta para la responsabilidad social
Daniela Zúñiga Colaboradora Primera Plana | Martes 25 de Agosto, 2015
En materia de responsabilidad social Costa Rica es terreno fértil. Sin embargo, esta práctica organizacional requiere proyectar su concepto y beneficios, los cuales están estrechamente ligados a la participación, tanto de las organizaciones como de sus colaboradores.
Con el fin de propiciar prácticas congruentes y eficientes en esta materia el Consejo Consultivo Nacional de Responsabilidad Social (CCNRS) realizó la conferencia “ABC de la Responsabilidad Social”.
La actividad contó con un panel de expertos; entre ellos, Gisela Sánchez, presidenta del CCNRS y Directora de Asuntos Corporativos de Florida Ice y Farm Co; la Directora de Gestión Integral para la Sostenibilidad de la Asociación Empresarial para el Desarrollo, Olga Sauma; el director del Instituto Ciudadano, Gustavo Araya y el profesor pleno de INCAE Business School, Roy Zúñiga.
Los expositores abarcaron desde los conceptos básicos de la Responsabilidad Social, sus tendencias y cómo llegar al público de interés, hasta la necesidad de que exista un punto de convergencia entre el medio ambiente y la parte financiera de la empresa.
Más allá de los ingresos
La responsabilidad social empresarial no debe tomarse como si fuera filantropía, sino que es una contribución activa, y se lleva a cabo dentro de la organización como si fuese inherente a esta, sin olvidar que la empresa sigue siendo un negocio, explicó Gisela Sánchez en su exposición “Conceptos Generales de la Responsabilidad Social”.
González hizo énfasis en que los jerarcas de empresas u organizaciones deben pensar tanto en generar ingresos y reducir costos, como en generar un impacto positivo, ya sea ambiental o social.
“Todo aquello que se haga para generar valores positivos tiene que estar directamente relacionado con la empresa, negocio o institución y si no es así, no es sostenible”, explicó.
Los líderes deben tener la capacidad de integrar la forma de operación económica con la generación de ideas eficientes y con pocos recursos, orientados a ser más amigables con el medio ambiente y a los valores sociales.
Poder captar las buenas ideas e idear un plan de desarrollo social sin tener que gastar más no es fácil llevarlo a la práctica, para ello González ideó una serie de pasos básicos para cumplir con ese objetivo.
Primero se deben consultar a los públicos de interés, desde aquellos que tienen afinidad con la organización como con aquellos que no son tan amigos. Este paso es el más importante pues permitirá elaborar una estrategia que responde a lo que el negocio necesita.
Si se ha llevado a cabo la consulta, entonces se puede llegar a la planificación estratégica de responsabilidad social, es decir, reunir a los líderes, pero no solo a ellos, sino involucrar a los que están más abajo en la cadena de mando y a personas jóvenes que puedan cuestionar y aportar ideas. Este proceso permitirá definir los objetivos ambiciosos y concretos, que sean pocos pero alcanzables.
Una vez se han planteado esos objetivos alcanzables se debe medir el impacto de estos. En este punto, es importante que los objetivos ambientales y sociales vayan de la mano con la remuneración del colaborador.
“El órgano más sensible del ser humano es la billetera” acotó González.
El último paso, pero no menos importante, es aquel donde la empresa tiene que reportar a la sociedad qué se hizo, cuáles objetivos se llevaron a cabo y qué falta por hacer.
Serio compromiso
En su disertación sobre “Tendencias globales de la Responsabilidad Social” la Directora de Gestión Integral, Olga Sauma se refirió a que las organizaciones deben cumplir con establecer estándares ambientales y laborales, es decir, que se desarrollen sin comprometer el medio ambiente y abriendo oportunidades de bienestar social
“No podemos satisfacer las necesidades actuales sin tener presente que no podemos comprometer la capacidad de las futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades. Estamos consumiendo recursos naturales a un paso que no es sostenible”, explicó.
A ello le sumó que no es solo cuestión de que las organizaciones se comprometan, sino que tienen que desarrollar planes nacionales y marcos normativos y regulatorios de incentivo para comportamientos responsables.
Por ejemplo, Sauma se refirió a una de las tendencias que más ha marcado el proceso de impacto positivo: la Estrategia Uniregional de la Unión Europea (UE).
Dicha estrategia estableció una serie de pasos que servían como marco para que los países de la UE pudiesen elaborar sus propios planes nacionales y regulatorios en el tema de responsabilidad social.
“Es todo un continente que se está poniendo de acuerdo y le está dando importancia al desarrollo sostenible”, resaltó.
Algunos de los países establecieron dentro de su plan nacional la promoción de mejores prácticas de responsabilidad social e integrar esta a los procesos de educación y divulgación, así como mayor transparencia.
Además, otra tendencia propia de la UE ha sido el reporte de sostenibilidad que permite conocer más allá del aspecto financiero; es un reporte que abarca cómo lo social y lo ambiental están afectando el desempeño financiero de la organización.
Actualmente existen 5 herramientas internacionales que marcan la pauta en desarrollo responsable y sostenibilidad, entre ellos la Declaración Tripartita de Principio sobre Empresas Multinacionales y Política Social de la OIT, y los Principios Rectores de Empresas y Derechos Humanos de la ONU, ambos aprobados y acogidos a nivel mundial.
Públicos de interés
El diálogo con el público consiste en varias etapas, según explicó el Director del Instituto Ciudadano, Gustavo Araya durante su exposición “Mapeo y comunicación con públicos de interés (partes interesadas)”.
Araya enfatizó en que cualquier acción de responsabilidad social se debe estar en relación directa con el giro fundamental del negocio y que a partir de ello se comienzan a construir los públicos.
A partir de lo anterior, se realiza un diagnóstico basado principalmente en dividir al público de interés en tres segmentos distintos.
El primer tipo de público de interés está relacionado con el giro de negocio, es decir, son muchas las personas las que están pendientes de si el negocio deja huella. Es en este punto donde tiene que haber mayor atención cuando se hace responsabilidad social.
“Si una empresa va y pinta bancas o siembra árboles no está siendo absolutamente nada, porque eso no está atendiendo el giro en el que la empresa está generando su huella principal”, sentenció el Director.
El segundo público de interés es el que está relacionado con las acciones que la empresa realiza en su giro de negocio. Es la relación que tiene la empresa con la sociedad en donde se estableció.
El tercer público es aquel que se relaciona de forma obligatoria con la empresa, por ejemplo, la entidad que le cobra los impuestos, llámese Ministerio de Hacienda o alguna entidad similar.
Una vez se establece el proceso de diálogo con los públicos, se hace una revisión de qué es lo que está haciendo la empresa en materia de ambiente, social, gobernanza. Posteriormente se lleva a cabo un mapeo completo tanto cualitativo como cuantitativo.
En el mapeo de públicos de interés se toman dos variables principales: la percepción positiva o negativa respecto a la organización y el peso relativo que esta tiene en el público de interés que se consulte. Esto permite también conocer a profundidad a los públicos y entender cómo se relacionan entre ellos para hacer más eficiente la comunicación.
“La segunda etapa es cuando la empresa convierte su propósito fundamental en una especie de círculo virtuoso donde establezcan ser 100% sostenibles en áreas sociales, gubernamentales y otras”, explicó Araya.
Finalmente se elabora una estrategia que permita generar ese círculo virtuoso y que además, tome en cuenta a los colaboradores. Posteriormente se da la etapa de implementación.
Esto significa acercar la organización con su estrategia de responsabilidad social a espacios de discusión para incluir en ella aquello que haga falta y diseñar una serie de mensajes con apego al propósito fundamental de la organización.
“Si la responsabilidad se incluye dentro de las acciones de la empresa, haga lo que haga se trabajaran en ellas porque están implícitas dentro de sus procesos, no habrán excusas de que no hubo presupuesto o no se pudo”.
Un enfoque novedoso
En la responsabilidad social empresarial destaca la denominada Triple Línea de Base, esta línea está constituida por tres ejes sostenibles: económicos, ambientales y sociales.
Sobre este concepto, se basó el profesor Roy Zúñiga en su exposición “Estrategia de Responsabilidad Social: Triple Utilidad”.
Zúñiga realizó un recorrido por la concepción tradicional que existía hace poco de un sistema de producción basado en el consumo, a partir de ese pensamiento tan estático las empresas y la sociedad pensaron que si no había una transacción monetaria entonces no había valor. Predominaba el consumo desmedido.
Para contrarrestar esto se aplica la triple línea de base.
Primero la sociedad quería crecimiento económico ininterrumpido dejando de lado temas como la preservación del ambiente. A partir de ese deseo se ha venido siguiendo una línea que consiste en maximizar el interés económico financiero donde se extraen recursos, se transforman, se consumen, hay un desperdicio y finalmente hay contaminación.
“Pero llega el momento en que algunos se comienzan a cuestionar este proceso y se dan cuenta que en lugar de avanzar, ahora hay muchas personas que no tienen acceso a cosas a las que antes sí tenían” explicó Zúñiga. Añadió que es de esta forma como las personas comenzaron a darse cuenta que hay efectos dañinos sobre el ambiente, que hay empleados maltratados o que las comunidades cercanas a la empresa viven en el olvido.
“A partir de este concepción nos damos cuenta que ya no es solo un sistema económico, sino que este interactúa con un sistema ecológico y uno social. Aparece una nueva visión organizacional”.
Esta nueva visión ya no solo toma en cuenta a los accionistas de la empresa sino también a los clientes, los empleados, proveedores e incluso los interesados a futuro. “Los temas ambientales y sociales han llegado para quedarse”, destacó Zúñiga.
Por ello, se plantea que la Triple Línea de Base es un marco conceptual cuya finalidad es crear y crecer en lugar de destruir y en el cual deberían estar trabajando las organizaciones. Trata de propiciar un desarrollo dinámico en las empresas que sea eficiente financieramente al mismo tiempo que busca soluciones que satisfagan su impacto en términos sociales y ambientales.
“Las organizaciones deben pensar que las malas decisiones que tomen ahora van a generar los problemas del futuro, por ello es necesario asegurarse trabajar no solo en una línea de base (la económica), sino en las tres”, concluyó.







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