Turismo insostenible en Tamarindo
Valery Castro Colaboradora Primera Plana | Lunes 21 de Noviembre, 2016
El turismo es una de las principales actividades económicas del país, sin embargo, en muchas ocasiones su desarrollo genera grandes repercusiones ambientales en las zonas que se dedican a esta labor.
Las prácticas turísticas y el desarrollo urbanístico vinculado se posicionan de forma congruente en zonas ricas en recursos naturales; sin embargo, el reto consiste en mantener y aumentar ese crecimiento sin causar una grave afectación a la naturaleza.
Tamarindo, distrito 9 del cantón de Santa Cruz de Guanacaste, es un ejemplo en donde el modelo territorial y el desarrollo turístico no van de la mano. La actividad productiva de la zona genera pérdidas ambientales de gran impacto y de manera particular en el caso del acceso al agua.
El caso de Tamarindo se abordó durante el I Congreso Internacional Agua, cultura y territorio en Centroamérica realizado en la Universidad Nacional (UNA) en el mes de noviembre.
El arquitecto David Porras, doctor en geografía y profesor e investigador de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo del Instituto Tecnológico Costarricense (TEC), tuvo a cargo la conferencia “Conflictos territoriales y presiones turísticas sobre el recurso hídrico del sector costero de Tamarindo. Santa Cruz, Guanacaste.”
Urge planificar
En su ponencia Porras subrayó la situación del agua como principal problemática ambiental de este distrito guanacasteco, y de forma puntual en el área del Parque Nacional Marino Las Baulas.
“Se da un gran impacto por la invasión de construcciones, el desarrollo inmobiliario y desde el punto de vista urbanístico y turístico se ha producido pérdida de la vegetación, deforestación, hay desechos de las actividades productivas que terminan en los cauces de los ríos o directamente en el mar y en el humedal”, apuntó.
El arquitecto señaló también la perforación de pozos ilegales que ha llevado a la situación drástica en que se encuentra el manto acuífero del parque.
Surge entonces la necesidad de que exista coordinación entre la planificación territorial (política horizontal) y aquella destinada al turismo (política vertical).
Este proceso debe involucrar a instituciones tanto públicas como privadas, organizaciones y demás entes, para que logren sostener procesos en conjunto y encontrar una solución a este problema.
Porras advierte que de no darse esta coordinación entre los entes involucrados, la afectación a la región y al país será grave. “Muchas veces queda en duda la sostenibilidad del modelo. La ausencia de conexión entre las políticas horizontales y verticales está dando al traste con el destino turístico y en algunos años se verán las consecuencias de esto”, alertó el investigador del TEC.
Por ello, el turismo como actividad productiva debe velar por el cuido del ambiente, ya que gran parte de esta industria se basa en los recursos ofrecidos por la naturaleza.
Según Porras, el turismo tiene la capacidad de gestionarse adecuadamente a nivel territorial, lo que contribuiría a solucionar la problemática.
“Sin una gestión a nivel territorial, el turismo tendrá declives y una pérdida de sus valores turísticos, paisajísticos y patrimoniales. Ahí es donde la gestión adecuada y sostenible es la que permite mantener esta actividad durante más tiempo, sino llegamos a dar contra un muro porque la misma actividad llega a morir por su falta de planificación y de gestión”, concluyó.





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