Primera Plana
Histórico


El Festival de la Virgen del Mar

| Martes 21 de Septiembre, 2010
El FESTIVAL DE LA VIRGEN DEL MAR      
MBA Claro González Valdés *
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Carné 7
Un festival sobre las olas que tiene historia. Don Merejo Cruz no sólo era el más grande pescador de perlas en Costa Rica, sino que alimentoó la devoción a la Virgen del Mar.
Don Hermenegildo Cruz Ayala era un hombre de fe. Fe en Dios, Cristo y en la Virgen María. Tenía fe en sí mismo, en la capacidad del ser humano. Por todo esto logró tantos éxitos en sus negocios.
La fe en Dios lo salvó de los embates de la tempestad en Punta Guiones, aquel aciago día de 1913, cuando “El Galileo” estuvo a punto de irse a pique. Don Hermenegildo le ofreció una promesa a Dios y a la Virgen, si salía con vida de aquella tormenta, cuando todo parecía que la muerte no daba tregua.
La fe en Dios hace milagros. Y llegó el milagro. Ya en Puntarenas, el gran Capitán narró los hechos al Presbítero José Daniel Carmona, sacerdote muy querido en toda la comarca. La promesa se cumplió al pie de la letra y así nació el Festival de la Virgen del Mar. Desde entonces se celebra todos los años y mueve las mayores aportaciones del turismo hacia el puerto. Sin embargo, lo lamentable es que nunca se menciona el nombre del fundador don Hermenegildo Cruz, ni hay en toda la ciudad una placa que recuerde su nombre.
De don Merejo, como se le decía cariñosamente en Puntarenas, se ha tejido toda una leyenda. Permítanme asociar en estas notas una relación de familia. Mi abuela, doña Berta (q.d.D.d), era hermana de don Hermenegildo. Mi mamá, doña Carmen Valdés (q. d.D.d.), hija de doña Berta, vivió un tiempo en casa de don Merejo, su tío, en el puerto, allá por los años veinte, cuando tenía unos diez años de edad.
Podrán apreciar entonces que en casa fueron familiares las reminiscencias del milagro y de las hazañas del gran Capitán. Siempre nos lo caracterizaban como una persona muy emprendedora, modelo del hombre de acción. “Era alegre, seguro de sí mismo. Siempre andaba de prisa. El tiempo era oro para él”, nos decía doña Carmen, su sobrina.
Ubiquémoslo un poco más dentro de su contexto histórico.
Don Merejo era descendiente de españoles. Nació en Chiriquí, bajo la bandera de Colombia. Llegó a nuestras costas, con ansias de mar, a finales del siglo pasado. Puntarenas era entonces una ciudad de apacibles calles, bordeadas de palmeras y almendros, altos y frescos. A lo ancho de sus paseos llenos de luz y de sombras, discurrían los turistas que por aquel tiempo, en grandes caravanas de carretas, llegaban del interior del país, a pasar largas temporadas en el puerto.
Don Merejo se había casado con doña Lía Alfaro y tenían una casa muy confortables en el centro de la ciudad de Alajuela. Tuvieron seis hijos. La única mujer, doña María Elena Cruz Alfaro se casó con don Walter Arend, un prominente de industrial de almidón, de Alajuela. De este matrimonio son varios hijos que vive la mayoría fuera del país, y don Carlos Guillermo Arend Cruz, quien vive en Golfito y Carlos Federico Arend de Corralillos de Poás, Alajuela, recuerdan vivamente las narraciones que en su hogar siempre han discurrido acerca de las grandes hazañas de su abuelo. “Como usted puede apreciar –me dice orgullosamente el nieto- era todo un gran personaje”.
La industria de la pesca de perlas era buena en tiempos de don Merejo. La había conocido muy bien en Panamá, y sus grandes conocimientos del mar, le abrían aquí las puertas de un buen negocio. En pocos años de labor tesonera fue amasando una gran fortuna poco común en la comarca. Allá por los años treinta la flota la formaban unas quince naves, entre gasolinas y bongos. “El Galileo” era la nave insignia. Tenía don Merejo otros negocios. Hoteles, casas de alquiler y algunos comercios en Santo Domingo de Golfo Dulce. En la Isla del Caño tuvo una cría de cerdos, a medias con don Cipriano Güell. Esta empresa fracasó porque una plaga de cangrejos invadió la isla y se comían la fruta con la cual se alimentaba a los cerdos.
Un buen testimonio es el del periodista Rafael Armando Rodríguez (q.d.D.d), gran cronista de la ciudad de Puntarenas. Me contaba don Rafael Armando que conoció personalmente a don Hermenegildo, y como tal pudimos comprobarlo, le dedicó muchas páginas en su revista “Costa Rica de Ayer y Hoy”. Allí están para la posteridad las crónicas de la emergencia de Punta Guiones y los inicios del Festival, con el apoyo del Padre Carmona.
Don Rafael Armando desarrolló una fecunda labor cultural con su revista. Me decía que don Merejo solía poner gran devoción en el Festival. “Con gran refinamiento ponía todas sus lanchas en el desfile, adornadas con banderas, gallardetes y cintas de colores”.
Don Hermenegildo comerciaba el producto de su industria en Panamá. Estados Unidos e incluso Europa. Su sobrina doña Carmen, nos contó que el trabajo de la bucería era muy duro. Como no había escafandras, se hacía con “buzos de cabeza”. Sin embargo, don Merejo era el pescador de perlas más grande del país. El negocio se vino a pique, según explicó don Cipriano Güell –socio en una de las empresas-, cuando los japoneses comenzaron a producir perlas artificiales, según un artículo suyo publicado en La Prensa Libre.
El gran Capitán murió en 1933, como a los setenta años de edad. De él nos queda el recuerdo grato y el Festival de la Virgen del Mar. Esta celebración mueve gran parte del turismo hacia Puntarenas. Ahora que estamos ante los noventa y ocho años y que faltan dos para los cien años del Festival, queda más patente que la autoridad de Puntarenas están en deuda permanente con aquel hombre de bien, don Hermenegildo Cruz Ayala.
* Profesor de Periodismo y Administración de Negocios. Miembro del Consejo Editorial de Revista Viajes. Descendiente de don Merejo.

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