Primera Plana
Histórico


Inauguración precipitada

| Jueves 4 de Febrero, 2010
INAUGURACIÓN PRECIPITADA 

(vía a Caldera)
Julio Suñol
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Como no queríamos dejar de ser costarricense, hicimos lo que miles de compatriotas decidieron hacer el fin de semana anterior a los comicios del 2010.
Me fui con parte de la familia a recorrer (por novelería tica) la llamada autopista a Caldera y Puntarenas, con el propósito de ser testigo de esta – para muchos—especie de pirámide egipcia que no se podía dejar de admirar.
Es obvio que lo que tenemos hoy es mejor que lo que no teníamos ayer. Y eso es, en alguna medida, progreso. Pero no tanto.
Primero se debe decir que esta fue una inauguración precipitada, vaya a saber usted por qué. Tal vez las elecciones del domingo 7 no tuvieron nada que ver. ¿O sí ?
Luego creo que debemos sobrepasar la discusión secundaria sobre si el flujo de vehículos superó la capacidad de funcionamiento y de manejo de la pista. Ese pudo haber sido un factor. Mas no el único.
Existen deficiencias que se deben observar. Se repite en distintos momentos el hecho de que el doble carril pasa a ser uno, lo cual crea peligros no solo para el conductor descuidado, sino incluso para el más atento y cuidadoso. De donde se deduce que es raro que voceros de los mismos concesionarios estén ya abriendo la puerta para una eventual discusión y análisis referidos a si se justifica o no una ampliación de la vía.
Esto es extraño, si no absurdo, porque a pocas horas de abierta la circulación y de efectuada la “inauguración”, resulta chocante que los concesionarios estén notando – si se aceptan sus propias ofertas—que hubo supuestas fallas de previsión y ojalá no de ingeniería.
Lo anterior no es nada si nos enfocamos en lo que NO existe a lo largo de los 80 kilómetros.
Faltan islas adecuadas para aparcar, en caso de emergencias, los vehículos en problemas. Tampoco hay facilidades de apartamento seguro de la vía, en las circunstancias de que haya que auxiliar algún enfermo o atender algunas otras eventuales crisis de los usuarios como desmayos, descomposición momentánea de un niño, un anciano o una mujer embarazada.
Es cierto que se ven “salidas” sobre la pista pero a poblados en los cuales con toda seguridad no se ofrecen servicios médicos apropiados. Además de que la ubicación de tales lugares puede resultar complicada en una emergencia y en zonas desconocidas para locales y extranjeros. Muchas de estas localidades aparecen marcadas con los nombres de sitios que antes fueron identificados por ser estaciones del antiguo ferrocarril al Pacífico, tan inexplicablemente clausurado por el gobierno de don José María Figueres. Este fue uno de los más graves errores de esa administración.
Agreguemos que a lo largo del camino no hay teléfonos, baños, gasolineras, restaurantes o sodas.
Se puede alegar por parte de las autoridades y de los concesionarios, que esos faltantes se satisfarán más adelante. Y si ese es su argumento-defensa, implícitamente acogen nuestra tesis de que lo que entró en funciones no está terminado y, por ende, no debería de haberse “inaugurado”.

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