El dilema ético del dibujante satírico
Luis Diego Zúñiga G. Colaborador de Primera Plana | Lunes 13 de Abril, 2015
El atentado yihadista contra el semanario satírico francés Charlie Hebdo, en enero pasado, marcó un antes y un después en la historia de la sátira política y religiosa. El hecho motivó una oleada de opiniones a través de las redes sociales en todo el mundo condenando el asesinato de doce personas por tres extremistas armados de la red terrorista Al Qaeda.
Las posiciones varían entre aquellas personas que repudian el hecho por consideralo un ataque a la libertad de expresión, y aquellas que señalan cierta responsabilidad del semanario francés. Caricaturistas costarricenses reprueban los brutales asesinatos, pero consideran que la libertad de expresión debe manejarse con un grado de responsabilidad.
Surge el debate sobre cuáles son los límites de la libertad de expresión y donde se encuentra la frontera que separa ese derecho de las ofensas, insultos e injurias.
¿Un país sin sátira?
Oscar Sierra, caricaturista de Primera Plana ve factible hacer una crítica ácida y demoledora de forma responsable. Para lograrlo es necesario poseer una cultura general lo más amplia posible y completo dominio de la información.
“El dibujante no puede ser un francotirador porque estaría rompiendo los límites de la ética”, afirma Sierra, quien advierte que las caricaturas pueden ser vistas por niños, razón por la cual resulta inapropiado utilizar imágenes pasadas de tono. Sierra también cree un deber ser cuidadoso para no ofender los principios morales, éticos y religiosos de las personas.
Cindy Vega, caricaturista independiente que laboró durante 12 años para el periódico La Nación, coincide con la posición de su colega de Primera Plana. Ella asegura que utilizar un dibujo para el simple el hecho de provocar por gusto a un grupo o persona en su imagen o en lo que piensa, es irrelevante, y lo único que va a afectar es la propia imagen del caricaturista ante su público. Vega también considera erróneo poner en el papel aspectos de otras culturas que nos parecen mal. “No puedo burlarme de lo que alguien hizo o cree sin tener el conocimiento de ese contexto”, afirma.
Cristian Cambronero, columnista de la Revista Dominical del periódico La Nación en su artículo Costa Rica: libertad y sátira en un país sin sátira, defiende la valentía de las publicaciones del diario francés y hace hincapié en que las publicaciones chocantes y burlescas hacia ciertas formas de pensamiento y valores que para algunos son sagrados, no lesionan en nada los principios éticos de la libertad de expresión, la cual no debe tener ningún tipo de censura.
Cambronero cuestiona la forma de hacer caricatura en Costa Rica y la cataloga como “aburridisma”, pues no incomoda ni es irritante, a diferencia del diario parisino.
Luis Demetrio Calvo “Mecho”, caricaturista del medio digital Crhoy, califica los criterios de Cambronero de “infundados”, pues considera que en Costa Rica sí se da la sátira y las caricaturas son muy críticas. Como prueba cita sus 12 años de trayectoria en el Semanario Universidad y los 2 años ya cumplidos en Crhoy.
En ese medio “Mecho” se vale del humor gráfico para denunciar malos manejos de fondos públicos, casos de corrupción, movimientos sociales, o actuaciones erróneas de los diputados o presidentes de turno, entre otros.
En opinión de Calvo no se puede hacer una comparación entre la sátira de Costa Rica y la de Francia porque son países distintos. “Los europeos son una nación muy liberal en cuanto a temas sexuales y religiosos y en nuestro territorio, aunque no exista censura, hay parámetros que el dibujante debe manejar para que la información sea clara y concisa, sin traspasar ciertos límites que pueden ofender a las personas, tanto de género como religioso”.
Según el dibujante un medio con la misma línea de Charles Hebdo en Costa Rica no cabría por el tipo de cultura, no habría tanta aceptación salvo de un público muy reducido. “Habría que analizar las repercusiones, porque si se hace con el fin de incitar al odio no tendría mucha importancia”, opina Calvo.
Pocos espacios
En Venezuela la dibujante Rayma Suprani fue despedida del diario venezolano El Universal tras 20 años de trayectoria por una caricatura crítica con el fallecido ex presidente Hugo Chávez y la salud en el país. Igual suerte corrió el año pasado Xavier Bonil en Ecuador a raíz de unas críticas graficas en el periódico El Universo hacia el presidente Rafael Correa y su gabinete.
En Costa Rica, en comparación con estas y otras naciones, existe un ambiente bastante amplio de libertad para expresar las opiniones acerca de lo que disgusta del gobierno, las instituciones públicas, los movimientos sociales y religiosos.
Con un campo fértil para los debates, el intercambio de puntos de vista y la crítica abierta, cabe preguntarse las razones por las cuales el humor gráfico no prolifera más abundantemente en titulares de prensa escrita o digital, salvo en dos o tres medios de circulación nacional.
“Cuando los directores de medios de prensa dan la oportunidad de trabajar a los caricaturistas los enfilan hacia el pensamiento del medio y no todo el mundo siempre va a estar de acuerdo en esa línea, apunta Carlos Arroyo, caricaturista quien trabajo durante muchos años en medios como La Prensa Libre, La Nación y La República.
Arroyo denuncia que algunos periódicos han despedido a caricaturistas y no les dan libertad para plantear su propia opinión referente a un tema en particular.
El caricaturista manifiesta que hay casos donde el dibujante y el medio están emparentados como el caso de Crhoy.com, pero en otros casos no es así. Asegura que él mismo ha realizado críticas rudas pero cuando las ha mostrado a los directores de prensa para publicarlas, no lo han dejado.
Los medios de comunicación no están dispuestos a pagar un precio justo por realizar una caricatura política critica, no existen los espacios y el riesgo de una demanda judicial es inminente, sostiene Cindy Vega, quien expresa que la caricatura política tampoco es rentable.
Ella decidió renunciar a su trabajo y actualmente se gana la vida retratando personas que quieren tener enmarcada su propia caricatura. “Me han dicho que yo solo dibujo cabezas grandes y cuerpos pequeños, pero eso es lo que me brinda el sustento diario y el de mi familia”.





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